El Principe de Maquiavelo

Cuando he dado clases en ciencias económicas o empresariales, siempre les recomiendo a mis alumnos 3 libros, que deben de leer en este orden:
  1. "El arte de la guerra" de Sun Tzu, para aprender sobre estrategia y toma de decisones.
  2. "El principe" de Nicolas Maquiavelo, un texto de ciencias y teoría política de cabecera para los lideres.
  3. "Así habló Zaratustra" de Friedrich Nietzsche, libro de pensamiento filosófico.
Pues recientemente, "El principe" cumplío 500 años, y el períodico español El País, le dedico una serie de artículos sobre este libro clásico. La obra, es considerada por los neofitos el origen doctrinal de las tiranias modernas. Sin embargo, "la descarnada exposición de la lógica de lucha por el poder en El príncipe, alejada de todo condicionamiento moral y religioso, convirtió al libro en manual para un posible ejercicio del poder violento e inmoral. No en vano es interminable la lista de sus discípulos, desde Napoleón a Mussolini, sin olvidar al dictador congolés Mobutu."

Sin embargo, el propio Maquiavelo lo avisó en uno de los capítulos más citados de El príncipe: creyó “útil” indagar sobre “la verdad efectiva de la cosa” antes que ofrecer una visión “imaginaria”, idealizada, de la misma.

Aquí, un resumen del análisis de la obra realizada por Antonio Elorza, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid: Maquiavelo, el misterio de la claridad.

En Leer hoy a Maquiavelo, firmado por Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto.

Lo más relevante para nosotros en el pensamiento de Maquiavelo es no solo su nueva ciencia del arte de gobernar, sino lo que podríamos llamar el “Maquiavelo antimaquiavélico”. Precisamente ahí es donde debería comenzar una lectura no maquiavélica de Maquiavelo. Maquiavelo no era maquiavélico, y los maquiavélicos no son lectores intensos ni perspicaces de Maquiavelo.

En realidad, lo que pone de relieve el análisis de Maquiavelo es la condición política en sí misma. Si los seres humanos dejaran de ignorar el papel de la Fortuna en sus asuntos y reconocieran sus limitaciones a la hora de establecer instituciones políticas y blindarse contra los caprichos del tiempo y el azar, podrían entrar en la vida política animados por un espíritu cívico. La política se orienta hacia la acción, y, para que la acción sea posible, los hombres deben desempeñar su papel. Es posible empezar de nuevo siempre que los seres humanos actúen unidos y en política, y esa es la convicción más profunda de Maquiavelo.

Maquiavelo considera que el dato fundamental no está en la pregunta “¿Quién gobierna?”, sino en “¿Cómo gobierna?”. Cuando un gobernante funda un régimen totalmente nuevo a mayor gloria de sí mismo, de paso cree que así prevalecen “la verdadera forma de vida y la auténtica calma de una ciudad”.

El argumento de Maquiavelo es que las cosas humanas se mueven y, por tanto, los asuntos humanos sufren altibajos. No se puede evitar el cambio, pero los hombres deben dedicar su talento político a mantenerse seguros dentro de él. Sin embargo, añade Maquiavelo, “los hombres no pueden estar seguros sin el poder”. Por eso sugiere una expansión del poder humano.

El Estado, pues, debe ser el dominio de la estabilidad en la caótica esfera de los cambios naturales y las pasiones humanas. Por eso, a diferencia de los clásicos, Maquiavelo cree que la política es una entidad artificial creada por el talento humano. Para comprender este punto, hay que recordar que la teoría política de Maquiavelo se presenta como una teoría “laica” y mundana, y su aplicación práctica, además, entraña una nueva dimensión ontológica. Esa nueva ontología política inaugurada por Maquiavelo, por tanto, se puede considerar un momento de transición hacia la modernidad.

Al reflexionar sobre el establecimiento de lo político desde el horizonte final, Maquiavelo busca la forma de superar los dos límites teóricos fundamentales de la lógica de lo teológico y lo político: la falta de una teoría de lo político y que no se basa en una historia de hechos ocurridos. Maquiavelo vuelve a los paganos, más allá de lo ontoteológico, para hallar una manera de concebir la historia en función de una teoría política de los acontecimientos, en la que dichos acontecimientos se vean como el encuentro entre lo político y el movimiento real de la sociedad.

Recuerden, yo sólo he hecho un resumen de la parte de los artículos que recomiendo, con la finalidad de que si ustedes lo encuentran interesante, lean el artículo completo, y mejor aún si logro que les interese y lean la obra.

Fialmente, les dejaré aquí dos buenas razones por la cuales deben de leer como un habito diario:

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