La perversión de la innovación: cuando Airbnb pasó de resolver un problema a crear uno estructural
Cuando vemos alguna película o serie yanki que gira en torno a una investigación criminal, tarde o temprano aparece esa frase que ya forma parte del vocabulario popular: «obstrucción de la justicia». Un testigo que borra un mensaje, un funcionario que «olvida» entregar un documento o un sospechoso que pide a alguien que mienta por él. En inglés británico existe una expresión similar: «pervertir el curso de la justicia». Pero ¿qué ocurre cuando una tecnología creada para resolver un problema termina generando otros problemas? Si partimos de la premisa de que el objetivo último de la tecnología es mejorar nuestro estilo de vida, las aplicaciones deberían, al menos en teoría, resolver una necesidad real. Duolingo democratizó el aprendizaje de idiomas mediante una plataforma gratuita y gamificada; Waze optimizó los desplazamientos utilizando información en tiempo real generada por sus propios usuarios; Uber transformó el acceso al transporte y PayPal facilitó las transferencias de dinero ...









