La economía mundial sigue tambaleante

Por una parte están los discursos políticos de que la economía va mejorando y el crecimiento y el empleo están a la vuelta de la esquina, sin embargo, las expectativas racionales de los ciudadanos responden a la realidad de la vida diaria, y aunque lo parezca, las cosas no parecen que estén mejorando, y así lo demuestran los siguientes artículos.


El crecimiento del producto potencial ha disminuido. El crecimiento potencial de las economías avanzadas ya estaba disminuyendo antes de la crisis, influido por el envejecimiento de la población sumado a la desaceleración de la productividad total. La crisis empeoró la situación, ya que la fuerte contracción de la inversión enfrió aún más el crecimiento del capital. El crecimiento del capital se recuperará, pero el envejecimiento y el débil aumento de la productividad continuarán limitando el crecimiento. La contracción será aún más pronunciada en los mercados emergentes, donde el envejecimiento, la menor acumulación de capital y el menor aumento de la productividad se están combinando para reducir significativamente el crecimiento potencial en el futuro. Sería errado hablar, como algunos lo han hecho, de un estancamiento, pero las perspectivas se han deteriorado. Y el deterioro de las perspectivas conduce, a su vez, a recortes del gasto y a una disminución del crecimiento hoy.

Factores clave de inestabilidad:
  • La disminución del precio del petróleo
  • Los movimientos del tipo de cambio


En La economía mundial vuelve a tambalearse en la cuerda floja, se muestran dos gráficos sumamente interesantes y preocupantes sobre la economía europea: Deflación y aumento de la deuda en la eurozona a niveles históricos.




El debate sobre las razones que han llevado a las empresas a dejar de invertir en maquinarias, equipos y plantas continúa. En las economías avanzadas, la inversión empresarial ––que es el componente más grande de la inversión privada–– se ha contraído mucho más desde la última crisis financiera internacional que después de otras recesiones. Y hay indicios preocupantes de que esa contracción ha dañado el crecimiento económico a largo plazo.

Más allá de este patrón general, los autores (Aqib Aslam, Daniel Leigh y Seok Gil Park) detectan focos de debilidad de la inversión que son desconcertantes, sobre todo en los países de la zona del euro cuyos costos de endeudamiento se dispararon durante la crisis de la deuda soberana de 2010-11. En estos países, las restricciones financieras y la incertidumbre en torno a las políticas se han sumado a la debilidad del producto para frenar la inversión empresarial.

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