Draghi anuncia una expansión monetaria del Banco Central Europeo

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ha anunciado que realizará un quantitative easing (QE): "La expansión cuantitativa, es una herramienta no convencional de política monetaria utilizada por algunos bancos centrales para aumentar la oferta de dinero, aumentando el exceso de reservas del sistema bancario, por lo general mediante la compra de bonos del propio Gobierno central para estabilizar o aumentar sus precios y con ello reducir las tasas de interés a largo plazo. Esta medida suele ser utilizada cuando los métodos más habituales de control de la oferta de dinero no han funcionado; como cuando el tipos de interés de descuento o la tasa de interés interbancaria están cerca de cero".

El BCE inyectará 60.000 millones de euros mensuales —en torno a 45.000 en bonos del Tesoro, y unos 15.000 millones adicionales en activos privados— entre marzo de este año y septiembre de 2016 (19 meses), lo que equivale a una inyección de unos 1,14 billones de euros aproximadamente, ya que estás cifras son estimaciones. Y lo más importante: el QE europeo se mantendrá más allá de esa fecha si la inflación no se acerca al objetivo del BCE, el 2% a medio plazo.

La operación a detalle:

La teoría monetarista tiene la tesis de que el riesgo de deflación -caída generalizada, sostenida e incontrolada de los precios- se resuelve diseminando dinero a través de una expansión monetaria en la economía.

La inflación negativa, el débil pulso de la demanda, la reducción del 23% del superávit exterior en tasa interanual, el estancamiento del PIB y el riesgo de tercera recesión en la eurozona han obligado al BCE a adoptar esta estrategia.

La operación es también preventiva. Para abril está previsto que la Reserva Federal (el Banco Central de Estados Unidos), que está de regreso de estas políticas monetarias expansivas, comience a subir los tipos de interés oficiales. De no haber hecho nada el BCE, lo lógico es que se produjese la salida de capitales de la eurozona hacia el área dólar, atraídos por la recuperación de la economía de EEUU y por la subida de sus tasas de interés, y para protegerse de las pérdidas que les ocasionaría una mayor apreciación del dólar frente al euro. El éxodo de dinero forzaría la caída del precio de los bonos públicos y privados europeos, con la consiguiente subida de sus tipos de interés por más que el BCE mantuviese la tasas oficiales del dinero en el 0,05%.

Y una subida de tipos en Europa en este momento, en pleno estancamiento económico y con inflación negativa, hubiese conducido a la eurozona a los peligrosos abismos de la deflación y la recesión, y hubiese acrecentado el peso de las cargas financieras para los estados, las empresas y las familias, agudizando aún más la morosidad bancaria y el riesgo de reabrir la crisis financiera. Para evitarlo, el BCE ha decidido entrar en lo que el FMI denomina los "territorios desconocidos" de la expansión monetaria, fabricando electrónicamente euros para inyectarlos en la economía.

La inyección de dinero se hará mediante la compra en los mercados (no directamente a los emisores) de activos financieros emitidos por estados, empresas y bancos. Con ello el BCE y los bancos centrales nacionales incorporarán estos activos, en la proporción de 20% y 80% respectivamente, en sus balances para cuadrar y reequilibrar su activo y su pasivo.

La operación es doble: tanto la emisión de dinero como su contraparte (la compra de títulos de deuda) tienden a materializar, por distintas vías, los fines previstos: subir la inflación a niveles óptimos, depreciar el euro, estimular la liquidez y el crédito, y generar dinamismo económico y empleo.

El sólo aumento previsto del dinero en circulación, supondrá por sí mismo un factor inflacionario: si la oferta monetaria aumenta, cae el poder adquisitivo de la moneda, y si la moneda pierde poder de compra es porque aumentan los precios de bienes y servicios. La teoría monetaria sostiene que, tanto si se mantiene constante como si se reduce la producción de bienes y servicios, todo aumento de la masa monetaria -o, en su defecto, de la velocidad de circulación del dinero- impulsan al alza los precios. Y la subida de precios es el antídoto contra la deflación que amenaza a la eurozona.

Al mismo tiempo, la pérdida de valor del dinero a causa de la inflación, y también como consecuencia de una oferta de euros superior a su demanda, depreciará la divisa europea. Este efecto devaluador permitirá ganar competitividad exterior a la eurozona, y con ello acrecentar las exportaciones y el PIB y, a la vez, importar inflación. La inflación tenderá también a subir por efecto del crecimiento económico en la medida en que conlleva un aumento del empleo, lo que comporta a su vez una expansión de la renta disponible y, por lo tanto, de la demanda interna, con la consiguiente subida de los precios.

La compra por el BCE de bonos públicos y privados (caso de emisiones de deuda empresarial), cédulas hipotecarias y valores financieros consistentes en titulización de créditos de la banca es una contraprestación por el dinero entregado a los mercados. Y la propia compra de bonos genera efectos que coadyuvan a la finalidad buscada. La adquisición de deuda supone un aumento de su demanda y en consecuencia un incremento del precio del título. Todo encarecimiento de los títulos entraña una reducción de su rentabilidad, dado que su remuneración es la misma que aquella con la que fueron emitidos por más que su precio haya subido en el mercado. El descenso de los tipos se traslada al resto de tasas de interés y esto abarata el crédito.

La banca, las empresas, los particulares y las instituciones que poseen tales títulos podrán desprenderse de ellos en el mercado y generar plusvalías, dado que los precios de esos títulos subirán como consecuencia de la enorme potencia de compra del BCE. Empresas y particulares tenderán a destinar dinero que obtengan a consumo e inversión (en proyectos empresariales, renta variable y otros fines) o a reducir su propia deuda, dado que el ahorro en forma de depósito estará muy penalizado por la combinación de tipos a la baja e inflación al alza. La banca debería destinar los recursos que capte a facilitar el crédito porque la caída esperable de tipos estrechará aún más sus exiguos márgenes actuales, de modo que sus beneficios estarán ligados a una mayor reducción de costes y a aumentar su negocio crediticio.

Más crédito y más barato debería aumentar la inversión y el consumo, dinamizar el PIB y el empleo, y generar inflación. Y todo ello hará más atractiva la Bolsa, y más cuando la renta fija perderá interés. La subida de la Bolsa genera efecto riqueza y propende a estimular la economía.


Otros detalles de la política: La compartición de riesgos

En principio, el BCE comprará deuda pública en función del peso de cada país en el Eurosistema (España concentra casi el 13%) y en plazos que van de los dos a los 10 años, además de las cédulas hipotecarias y otros covered bonds y activos privados garantizados (los conocidos como ABS). Pero el objetivo central de ese programa será la deuda pública —especialmente a 10 años—, que supondrá en torno al 75% de los 60.000 millones mensuales, según los analistas. 

Las compras estarán limitadas a un 33% de "límite emisor" y al 25% de "límite de emisión".

El BCE podrá adquirir en el marco de este programa bonos con vencimientos de entre 2 y 20 años y también se comprará deuda soberana con rentabilidades negativas.

Serán los bancos centrales nacionales quienes compren, y para repartir el riesgo el BCE elige una fórmula híbrida: el 20% se mutualizará y el 80% restante correrá a cargo de cada banco central.


Lo que podría pasar en realidad:

La descripción que se dio a detalle sobre la operación del BCE en esta entrada, se destacó que es en "teoría" lo que debería de suceder.

Pero, existe consenso de que a corto plazo puede haber una mejora (la economía es un ciencia exacta a corto plazo, pero no lo es a mediano o largo plazo), pero el programa económico no tendrá los efectos esperados, ya que siguen haciendo falta reformas estructurales de fondo en varios países de la Unión Europea, por lo cual, se cree que la expansión monetaria del BCE se va a quedar corta en cuanto reactivar la economía europea. Véase: Lagarde: El programa del BCE no es suficiente.

En mi opinión personal, al no ser una política monetaria expansiva tradicional (imprimir dinero), sino una inyección electrónica y además una medida contable para cuadrar los activos y pasivos. No va a tener el mismo efecto esperado que se tendría si uno imprime dinero y lo sueltas directamente en la economía.

Pero claro, imprimir billetes y acuñar monedas es muchas veces más costoso que el valor monetario que representan, y es más económico una emisión electrónica, pero está última supone que los mercados hagan su función y distribuyan la liquidez entre las familias y los agentes económicos y como ya he señalado en 2 entradas anteriores, parte de esta crisis ha sido resultado de la diferencia entre la economía real y los mercados financieros, otorgándole liquidez a los mercados pero sin potenciar el crecimiento económico como debería de pasar en "teoría":
Finalmente, aquí les dejo un artículo de opinión de Paul Krugman, que es muy bueno, explica de manera sencilla como ha operado la UE durante estos años para hacer frente a la crisis económica desde 2008: Demasiado responsables.

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