Suecia, España, México y EE.UU.: lecciones del tejido empresarial
Suecia es una economía desarrollada que figura entre las primeras posiciones de numerosos indicadores globales, fruto de una sólida trayectoria de progreso y prosperidad económica. Sin embargo, durante la última década, Suecia ha perdido el impulso en su crecimiento económico, para ello debe resolver las paradojas del crecimiento mediante una agenda ambiciosa y a largo plazo, basada en la innovación, la reforma y la inversión, para así impulsar el crecimiento económico.
Según un informe de McKinsey son siete las paradojas pueden explicar la mayor parte de la pérdida de impulso de Suecia:
- Empresas exitosas y alta inversión en I+D, pero menor ritmo de mejora de la productividad.
- Un espíritu emprendedor líder a nivel mundial, pero dificultades para retener a las empresas.
- Un sistema de bienestar social reconocido internacionalmente, pero el personal administrativo crece más rápido que el personal operativo.
- Rápida implementación de la normativa, pero lentitud en los trámites de permisos.
- Altas tasas de empleo, pero aumento del desempleo estructural.
- Altos niveles de educación, pero escasez de profesionales cualificados en áreas estratégicas clave.
- Historial de inversiones en infraestructura, pero creciente deuda de mantenimiento y necesidades futuras en aumento.
Veamos otro ejemplo, España es otra economía desarrollada, que durante el gobierno de Pedro Sánchez su economía ha demostrado cierto dinamismo y creación de empleo. No obstante, este dinamismo y creación de empleo provienen de sectores de baja productividad, donde -por desgracia- el turismo es el salvavidas de España. Léase: Turismo, Airbnb y burbujas inmobiliarias: el dilema de la vivienda en España.
Gracias a lo que sabemos sobre el comercio internacional, la productividad es la clave: un país con alta productividad produce y consume más; no porque “le gane” al de al vecino, sino porque su propia gente vive mejor.
Siguiendo con la economía española, pero ahora vamos a centrarnos en su estructura empresarial por tamaños. Donde:
- Las PyMEs generan hasta el 62% del empleo total.
- Casi el 94% de las compañías no supera los 10 trabajadores.
- En España, las grandes empresas son solo alrededor del 0,2% del total. Sin embargo, ofrecen el 40% del empleo y más de la mitad del valor añadido empresarial.
Fuente: El Blog Salmón
En México la historia es bastante parecida. En el 2008, se estimaba que 99 por ciento de las empresas son micro, pequeñas y medianas, que generan 72 de cada 100 empleos y contribuyen con la mitad de la producción nacional (Las Tres y Un Cuarto).
La siguiente tabla, muestra el porcentaje (aproximado) de empresas según tamaño (micro, pequeñas, medianas y grandes) que representan el tejido empresarial de Estados Unidos, México y España:
| País | Micro | Pequeñas | Medianas | Grandes | Año / Fuente principal |
|---|---|---|---|---|---|
| Estados Unidos | ≈ 76.2% | ≈ 19.8% | ≈ 3.6% | ≈ 0.4% | 2022 — SUSB (U.S. Census) |
| México | 95.5% | 3.7% | 0.7% | 0.1% | 2023 — INEGI (Censos Económicos) |
| España | 92.91% | 5.93% | 0.97% | 0.20% | Junio 2024 — DGIPYME (“Cifras PYME”) |
Nota: Definiciones de tamaño usadas: micro (0–9), pequeña (10–49), mediana (50–249), grande (250+). Las cifras son aproximadas y dependen de la metodología y cobertura de cada fuente (por ejemplo, empresas sin asalariados pueden o no estar incluidas).
Por una parte, la comparación muestra que, aunque en los tres países el tejido empresarial está dominado por microempresas, existen matices importantes: en México y España estas representan más del 90% del total, reflejando economías donde predomina la pequeña escala y la auto-ocupación; mientras que en Estados Unidos, si bien las micro también son mayoría (≈76%), el peso relativo de pequeñas y medianas es mayor, lo que sugiere una estructura más diversificada y con mayor capacidad de escalar.
Por la otra, el hecho de que las grandes empresas representen apenas 0.1% en México, 0.2% en España y 0.4% en Estados Unidos revela que, aunque numéricamente son marginales en los tres contextos, su peso relativo es mayor en la economía estadounidense, lo que se traduce en una capacidad de concentración de capital, innovación y empleo más elevada. En países como México y España, la escasez de grandes empresas limita la generación de cadenas de valor integradas y la inserción competitiva en mercados globales, dejando a las micro y pequeñas con un rol preponderante pero con menor productividad y acceso a financiamiento. En cambio, en EE.UU., el mayor porcentaje de grandes compañías refleja un ecosistema empresarial más robusto en escala, que no solo impulsa exportaciones y desarrollo tecnológico, sino que también marca la pauta en la organización del resto del tejido productivo.
Estas características mencionadas anteriormente, Esto explica por qué la economía estadounidense favorece la creación de numerosas startups y pymes de base tecnológica, las cuales terminan alimentando y fortaleciendo, a través de las fusiones y adquisiciones, a los grandes gigantes del sector.
En la siguiente figura, se muestran las 7 Magníficas (conocidas como Magnificent 7 en inglés): Nvidia, Microsoft, Apple, Alphabet, Amazon, Meta Platforms y Tesla, representan aproximadamente un tercio de la capitalización bursátil total del S&P 500. En total, estas siete empresas han adquirido más de 800 compañías y se han expandido a una impresionante variedad de sectores, funcionando prácticamente como conglomerados de tecnología de vanguardia, a la vez que continúan creciendo de forma orgánica.
Fuente: The Big Picture
En conclusión, la comparación entre Suecia, España, México y Estados Unidos pone de manifiesto que el verdadero motor de una economía no solo radica en la cantidad de empresas, sino en su capacidad de crecer, innovar y trascender fronteras. Los países con mayor proporción de grandes empresas logran articular mejor sus cadenas de valor, potenciar la productividad y aprovechar las sinergias entre startups, pymes y corporaciones. Para ello resulta clave contar con un mercado financiero desarrollado, capaz de canalizar inversión hacia proyectos de innovación y escalamiento. De ahí la importancia de diseñar políticas públicas que no se limiten a fomentar la creación de empresas, sino que impulsen activamente su crecimiento, la innovación y el acceso a financiamiento, elementos indispensables para fortalecer la competitividad en un entorno global cada vez más exigente.
Cómo citar esta entrada del Blog:
Zorrilla-Salgador, J.P. (2025). Suecia, España, México y EE.UU.: lecciones del tejido empresarial. Blog El Analista Económico-Financiero, 15/09/2025. Recuperado de [link post]


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