lunes, 9 de febrero de 2015

Algo sobre la economía espacial (space economy) explicada por un Doctor en Física

The Whirlpool Galaxy (M51) and companion galaxy.
Credit: NASA, ESA, S. Beckwith (STScI), and The Hubble Heritage Team STScI/AURA)


"El futuro tiene muchos nombres.
Para los débiles es lo inalcanzable.
Para los temerosos, lo desconocido.
Para los valientes es la oportunidad."
- Victor Hugo


Hoy les traigo un resumen, de un artículo que va sobre la economía de los viajes espaciales, explicado por un Doctor en Física, en el artículo completo, el autor explica la Teoría de la Relatividad desde los diferentes enfoques de la física relativista de manera muy sencilla. Además, por si fuera poco, el autor nos deleita con una recomendación de artículos científicos sobre el tema de, llamémosle, "economía espacial" (space economy). Una lectura para aquellos curiosos con imaginación y visión de futuro en las ciencias económicas.

Cuando llegaron el economista ya estaba allí

Seguramente habrá leído o escuchado esa anécdota de un tal Faraday que estaba investigando sobre cosas electromagnéticas allá por el siglo XIX y el ministro de Hacienda de turno le preguntó para qué servía eso y nuestro protagonista le respondió: «Sir, no lo sé pero algún día podrá gravarlo con impuestos». Ahora la cosa ha cambiado, aún no sabemos si podremos viajar entre estrellas o galaxias pero sí sabemos cómo pagaremos impuestos en caso de que podamos hacer tales viajes. Para que luego digan que no somos previsores.

El lío con la economía interestelar

Supongamos que por arte de birlibirloque, —entendedme, me moría de ganas de escribir esta palabra en Jot Down—, conseguimos movernos con relativa facilidad por el universo. Qué sé yo, hemos dominado la energía oscura y construimos burbujas WARP, construimos agujeros de gusano que se mantienen estables y abiertos, lo que se nos ocurra. Pues entonces querremos tener, allende las galaxias, nuestras cositas imprescindibles; nuestras bebidas energéticas, nuestras gafitas de pasta, nuestras camisas de cuadros o nuestras cintitas de Camela para cuando vayamos a dar un paseo intergaláctico y dominguero. Y entonces empezará el pifostio padre.

¿Cómo pagaremos los productos? ¿A qué valor? ¿Cómo se calculan los intereses? ¿Cómo aseguraremos transacciones y compras?

Pensemos por un instante en la situación de que uno de nosotros compra desde la Tierra un producto en un planeta, Wecan, que está a cien años luz. Supongamos que por los avances tecnológicos solo necesitamos diez años para ir de la Tierra a Wecan. Aun así cualquier transacción es difícil por las siguientes razones:

1. Si vamos desde la Tierra a Wecan empleando velocidades cercanas a la de la luz o metiéndonos por agujeros de gusano, etc., sufriremos dilataciones temporales. Para nosotros pasará mucho menos tiempo que para el comerciante de Wecan.

2. Seguramente en Wecan con los años se genere inflación y los precios aumenten, esperemos que de forma acorde al aumento del poder adquisitivo de los wecanianos. Pero para nosotros ha pasado menos tiempo que para el señor de Wecan. ¿Quién fija el precio?

3. Hay una solución, fijar un precio de salida en el tiempo del que va a vender y meterle un interés que asegure que el vendedor no pierde dinero al hacer esta transacción. Dicho interés tendrá en cuenta la dilatación temporal del comprador en tránsito desde su planeta de origen hasta el de llegada. Los intereses los tienen que acordar entre los dos involucrados.

4. Pero es que si además el universo se está expandiendo aceleradamente, como es el caso, las distancias entre galaxias aumentan cada vez más y tanto más cuanto más alejadas estén inicialmente el par de galaxias en cuestión. En fin, que hacer un viaje intergaláctico desde una galaxia a otra en este contexto puede ser tan desastroso como que al llegar ya no esté ni una galaxia ni haya galaxia a la que volver. Así que el comercio entre galaxias muy alejadas sería poco recomendable.

¿De qué va todo esto, amigo?

Parece una chorrada. Lo es. Lo es y no lo es. Aunque parezca mentira ya en 1978 se empezó a pensar sobre el comercio interestelar. De hecho, apareció un artículo sobre el tema que se publicó en 2010, pero escrito en el maravilloso año 1978, por un tal Paul Krugman, premio nobel de Economía entre otras cosas. Podemos decir que Krugman escribió este artículo en broma en respuesta a los artículos que existían sobre el comercio interplanetario y porque estaba hasta los cojones del poco futuro que le deparaba el mundo universitario de su tiempo.

El artículo está aquí:

«The Theory of Interstellar Trade». Publicado en Economic Inquiry 48 (2010).

Sobre la influencia de los efectos de la relatividad especial en la economía hay dos artículos interesantes y divertidos:

«Spacetime Finance» de Spen Haug para la revista Willmott. En este artículo encontraréis una amplia discusión sobre el valor que se le asigna a un determinado bien económico en un contexto relativista.

«Tax in the Final Frontier: A Theory of Interstellar Tax» del profesor Adam Chodorow. En este artículo, escrito en clave de humor para la revista Tax Analysts, se habla sobre los efectos relativistas en el cálculo de los impuestos.

Y llegados a este punto podríamos pensar que todo esto es una chorrada porque nunca encontraremos situaciones, al menos en nuestra generación y las próximas venideras donde esto de la economía relativista tenga la más mínima importancia o utilidad. Si estáis pensando en ello estáis totalmente equivocados.

En nuestro mundo, de hecho, podríamos definirlo como aquello que sustenta una red internáutica. Hoy día las transacciones comerciales, la bolsa especialmente, no están confinadas a una ciudad ni tan siquiera a un país. El comercio a día de hoy es global. Y eso implica que las transacciones, las operaciones de oferta de venta, las órdenes de compra, la información de las cotizaciones, etc., tienen que estar perfectamente sincronizadas y localizadas en el espacio.

Para conseguir eso tenemos que hacer uso de las impresionantes redes de satélites de posicionamiento, los GPS, y de los de transmisión de datos que hemos sido capaces de diseñar y de poner en funcionamiento. Es de fundamental importancia que los datos sean transmitidos, recibidos y procesados de forma simultánea debido a que cualquier desincronización podría dar ventaja a unos participantes sobre otros. Tenemos que pensar que los satélites están en órbita y se están moviendo respecto a nosotros que estamos en la superficie terrestre, por lo que están sometidos a procesos de dilatación temporal de la relatividad especial. Pero no podemos olvidar que tenemos otro efecto, los satélites están sometidos a menor gravedad que la superficie por lo que su tiempo pasa más rápido. Ambos efectos, el especial y el general-gravitatorio, son opuestos y el que gana es el gravitatorio. Todo eso se tiene que tener en cuenta para que el mercado no sufra consecuencias indeseables, sobre todo para algunos, de una mala sincronización de sistemas.

Todo esto ha sido estudiado en este artículo: «Relativistic Statistical Arbitrage» de los autores A. D. Wissner-Gross y C. E. Freer en 2010 en la revista Physical Review E 82.

Leer el artículo completo de Enrique F. Borja: La economía de Interstellar

Sobre el autor del artículo: Enrique Fernandez Borja, es Doctor en Física por la Universidad de Valencia. Ha trabajado en distintos centros de investigación internacionales y, en la actualidad, es profesor del departamento de Matemática Aplicada I de la Universidad de Sevilla. Sus intereses científicos se centran en la física de agujeros negros y en la dinámica de redes sociales. Es el creador y coordinador del blog de divulgación científica Cuentos Cuánticos y colabora en distintas plataformas como Jot Down, Naukas o el programa de radio La Noche de Cope.

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