Migración y realidad: desmontando mitos y entendiendo cómo se construyen las políticas migratorias
Más allá del mito: La migración como motor y el peso de las instituciones
Comencemos por derribar el primer gran muro: el mito de que los migrantes vienen a "quitar" el empleo a los nacionales. La evidencia es clara y mucho más sencilla de entender: en realidad, la población inmigrante suele ocupar vacantes en sectores que los locales ya no desean, a menudo debido a las condiciones de precariedad o bajos salarios.
Recientemente, España ha dado un paso valiente al anunciar la regularización de 500,000 personas extranjeras (residentes sin papeles con al menos un año de estancia y sin antecedentes penales). Mientras este movimiento genera rechazo en ciertos sectores de la derecha política, la realidad técnica es otra: los inmigrantes son indispensables para el crecimiento económico.
Productividad e Integración: El reto estructural
Sin embargo, no debemos caer en simplismos. La inmigración, por sí sola, no es una fórmula mágica contra la baja productividad de las economías. La clave para que este fenómeno sea un éxito estructural reside en dos pilares (Funcas):
- La capacidad de integración de la población extranjera.
- El perfil competencial de quienes llegan.
Es aquí donde las políticas públicas son fundamentales. No basta con permitir la estancia; hay que potenciar el impacto de este capital humano.
La Ciencia Política detrás de las fronteras
Lamentablemente, las políticas públicas no nacen en el vacío; dependen de quién ostenta el poder y, sobre todo, de cómo llegó allí. Un análisis reciente sobre sistemas electorales revela que la arquitectura de la democracia condiciona la apertura de las fronteras:
- Sistemas de Pluralidad Simple: Facilitan la irrupción de partidos antiinmigración con discursos disruptivos, lo que suele derivar en leyes más restrictivas.
- Sistemas de Mayoría Absoluta/Coalición: Al obligar a los partidos a pactar y buscar consensos más amplios, tienden a generar políticas migratorias más moderadas y pragmáticas.
En conclusión, para entender la migración, no solo debemos mirar las cifras económicas, sino también el diseño de nuestras propias instituciones políticas.
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